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La Crónica de Guadalajara
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Lunes, 16 de septiembre de 2019
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La muerte lenta de la provincia

Actualizado 13 marzo 2015 09:21. Primera publicación 13 marzo 2015 09:20.
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La publicación del censo electoral oficial de la provincia para las elecciones locales del 24 de mayo ha puesto de manifiesto, una vez más, el problema de la despoblación en Guadalajara y cómo por mucho que se predique resulta muy difícil dar trigo. Me refiero a dar trigo en forma de población, una promesa electoral permanente que vengo oyendo en los últimos 30 años sin resultado alguno.

Según esos datos, el partido judicial de Molina de Aragón ha perdido casi un diez por ciento de una población ya muy mermada en los últimos cuatro años, una barbaridad vamos, más de 700 habitantes; el de Sigüenza el mismo porcentaje prácticamente, otra barbaridad, más de 1.000 habitantes; y en el de Guadalajara, aunque gana más de 4.000, todos en unos pocos pueblos del Corredor, sigue cayendo la población en los municipios más pequeños.

Podemos entender que el estancamiento y ligero retroceso en la capital, con mil habitantes menos en estos cuatro años, quizá sea consecuencia de la crisis financiera que ha obligado a muchos extranjeros a volver a sus lugares de origen y ha cortado de raíz el desplazamiento de población desde Madrid y su cinturón hacia Guadalajara. Algo evidentemente coyuntural, pero en el resto el problema es estructural, prolongado en el tiempo y constatando el escaso o nulo interés político en buscar soluciones, por mucho que las prediquen elección tras elección.

La provincia se desangra por su bien más preciado, las personas, y nadie es capaz no ya de poner coto a este enorme problema social de Guadalajara y de grandes territorios del centro y norte de España, ni siquiera de reconocerlo y situarlo en primera línea de la política.

Simplemente se recuerda cada cuatro años, se hacen algunas acciones sin solidez ni consistencia ni sentimiento y siempre de cara a la galería, pero ningún partido es capaz de presentar una proyecto sólido, de tiempo, de mucho tiempo diría yo, innovador, distinto por completo, para dar el vuelco a una situación de una gravedad enorme que nuestra clase dirigente no considera como un problema. Simplemente, lo desprecia.

Es obvio que en Guadalajara podemos lamentarnos mucho al ver cómo cada año nuestros pueblos pierden población hasta llegar, en no mucho tiempo, al abandono absoluto, pero en realidad hablamos de un problema de Estado que parece preocupar muy poco a quienes deberían poner soluciones, o al menos intentarlo.

Es verdad que la ausencia de población se traduce en escasez de votos y, por tanto, deja de ser un problema para una clase dirigente sumida en el partidismo, en el cortoplacismo como se dice ahora, y en la ausencia flagrante de un proyecto de futuro para España, que de existir nunca podría hacerse al margen del medio rural.
Pienso esto porque, desde hace muchos años, la Unión Europea es la que aparentemente asume el protagonismo en defensa del medio rural con ayudas millonarias a través de distintos programas europeos de nombres rimbombantes (Leader, Leader Plus, Proder, además de programas estructurales como el FEDER…) que han constituido un fracaso estrepitoso por cuanto han sido ayudas ingentes, enormes, que no han logrado ni de lejos el primer objetivo que se plantean: asentar y recuperar población. Ni siquiera han conseguido mantener la que había antes el inicio de estos programas multimillonarios. Pero no se plantea ni de lejos cambiar algo que está siendo un fracaso, aunque solo fuese por probar remedios distintos.

Es lo peor y más decepcionante de todo: nadie en el plano político de este país se ha cuestionado siquiera qué se está haciendo mal, rematadamente mal, para que, después de invertir cientos de millones de euros en estas iniciativas financiadas con fondos europeos para el medio rural durante años y años, el resultado haya sido un fracaso absoluto en cuando al mantenimiento de la población. Todo se hace por pura inercia, sin ideas ni ganas.


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