En la cocina, ‘pochar’ es freír a fuego lento un elemento. En jerga política, el elemento que se fríe no se come, se consume con ruido o en silencio. En democracia, el pochado es un sujeto al que se somete a cirios varios, de examen, estudio y análisis, para desenmascararlo o convertirlo en algo que no moleste. Cuando se hace en Europa, el hecho tiene consecuencias. En contra de pochar a un compatriota, pueden argüirse razones de estado que son fáciles de refutar si, por ejemplo, se explica que la primera y principal razón de estado de los que se ocupan de lo público es evitar el escarnio de un cuento o un camelo.
Veinte de marzo. Por la mañana se anunciaba a Salvador Illa, socialista PSC, presidente catalán en el Circulo de Bellas Artes de Madrid. Se habían adelantado planes sobre Cataluña. Según un periodista, lo acompañaban más de medio consejo de ministros. Los medios de comunicación afines al gobierno y los que se enteran y cuentan lo que interesa difundían las que hacían noticias destacadas: Descubrimientos de la Guardia Civil de inmuebles en Sudamérica de Ábalos. Putas puteadas, al relacionarlas con la hez política que las usa, magrea y estropea. Desaire a la bandera de una, todavía, diputada catalana. Ciscos en el Congreso con un Gobierno que, ajeno a la Constitución, no acepta el control de la Oposición. Filípicas e inyectivas. Insultos incluidos, entre la flor PP y la nata chunga del Gobierno, que, a falta de autoridad de la presidencia de la Mesa del Congreso, llegan al Diario de Sesiones o se quedan fuera.
La presencia en Madrid de Illa parecía irrelevante. Hace años, también, otro presidente de la Generalitat, Artur Mas, montó su espectáculo en la librería Blanquerna para contar lo que había tratado con Rajoy. Ocurría, además, que, tras el paso de Illa por el ministerio de Sanidad en pandemia, su credibilidad ya no es dudosa. Entonces escondió la situación tras un Comité de Expertos que no hubo. Por si acaso, curiosidad y recelo, atentos a los aspectos que importan: Cataluña en España para quién se dice socialista. Qué decía. Desde qué tono. Y quienes lo acompañaban.
De repente, alarma por WhatsApp: ‘Algo está pasando en televisión española. TVE-24h publica las declaraciones de Feijóo en Bruselas retratando a Pedro Sánchez. Raro, media hora dedicada a Feijóo. Por la consistencia, antes de lo que dice Feijóo y por lo que puede haberse acordado con la derecha europea, podemos estar en puertas de algo’.
El aviso, repasado, relegaba el núcleo del asunto: La nueva actualidad RTVE es, también, consecuencia de una forma de hacer, y obedecer, en estructuras de poder que dictan y acatan lo que se publica. Por lo visto, en la redacción RTVE se nota una forma de ‘trabajar’ y hacer periodismo libre, irrespetuosa con el dictado sanchista impuesto hasta ahora. Desde esa perspectiva, lo visto en RTVE es, además de la prueba que muestra el primer medio de comunicación nacional, la confirmación de un sistema político en Europa en el que Feijóo, en el estatus internacional que asume y le acoge, se convierte en recambio, único y necesario. Con lo que dice y publica TVE, sus declaraciones saltan las reglas del juego-trampa vigentes para entrar en una situación nueva acorde con las normas europeas y los grupos de poder económicos, políticos y sociales conocidos. No es rebatir lo que dice o intenta el gobierno Sánchez, en Europa o donde sea, es convertir en basura sus tentativas imposibles. Ante la UE y OTAN sin presupuestos aprobados, sin consenso con coaligados: ni el respaldo legal obligatorio de las Cortes Generales. Son tres razones que, por respeto a España, Europa y a los votantes, en democracia, llevan a Elecciones Generales.
El socialismo, coaligados y los separatistas que sostienen al sanchismo pueden tener razones propias, únicas, compartidas o separadas, buscar tajadas personales y de grupo, si queda alguna; o, como arriesgaba Feijóo en Europa, achuchar al presidente del Gobierno para que acabe la legislatura ya. Mientras tanto, el líder de la oposición está pochando a Pedro Sánchez en Europa.
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