Después de una semana intensa, el cauce del Henares aún no ha devuelto la normalidad a la ribera, pero ya no asusta como ocurría hace siete días.
Alcorlo ha vuelto a desembalsar este viernes casi en máximos, con 50 m3/s reconocidos por la Confederación Hidrográfica del Tajo, a los que hay que sumar los 30 m3/s que se vierten desde Beleña.
El agua sigue bajando en gran cantidad (como se puede comprobar en el vídeo de LA CRÓNICA de este 14 de marzo), pero no rebosa por el pequeño arco califal que muchos tomaron como referencia.
Ahora, por tanto, empieza una nueva fase: la de recuperar el anunciado proyecto de limpieza del cauce, de modo que las próximas avenidas tengan más fácil discurrir aguas abajo.
Del estado actual del río, incluida la maraña de vegetación, también da buena idea la siguiente galería gráfica:










Con 50.000 euros y más previsión, no habría sido la fuerza del agua sino los operarios quienes habría procurado limpiar el río Henares, que falta le hace.
Desde hace años, en Guadalajara ha sido una asunto recurrente el pésimo estado de limpieza de las márgenes del río Henares. Alguna iniciativa vecinal ha aliviado algo la situación, recogiendo de las orillas todo tipo de desperdicios, incluido algún calzoncillo que es mejor no imaginar cómo llegó hasta allí.
Fue el pasado mes de enero de 2025 cuando el Ayuntamiento de Guadalajara cuando anunció que estaba buscando ya la empresa que adecente la margen derecha, que es la que más fácilmente rebosa y que, cuando lo hace, anega el parque fluvial y condiciona toda la ribera, desde el puente árabe hasta el puente sobre Julián Besteiro, en Manantiales, con una longitud de 1.500 metros, así como su prolongación. Eso ha vuelto ha quedar demostrado en estos días.
El plazo de actuación previsto para que se ejecuten los trabajos desde la adjudicación es de tres meses.
Antes de proseguir y para quien aún no sepa de qué hablamos, valga la siguiente, y amplísima, galería gráfica tomada del archivo de este diario:





















































Para justificar la necesidad de este encargo no hay que acudir en realidad a la hemeroteca de LA CRÓNICA. Basta, en este caso, con leer los antecedentes del pliego, que concretan muy acertadamente la situación actual y sus antecedentes:
«Durante los últimos 5 años se han ido produciendo diferentes episodios climatológicos adversos que han supuesto la generación de avenidas (controladas aguas arriba de la cuenca), en el río Henares a la altura de la zona de influencia urbana del municipio.
Estas crecidas del caudal han generado el arrastre de materia vegetal y afección directa sobre la vegetación de ribera de los márgenes del río, provocando la caída de árboles de grandes dimensiones y generando taponamientos puntuales en el cauce.
A todo ello hay que añadir que la falta de limpieza y mantenimiento de la vegetación en los márgenes del río puede incrementar de manera negativa el riesgo de creación de nuevos taponamientos, que podrían provocar avenidas de agua de mayor calado aguas abajo del río Henares.
Además hay que tener en cuenta, que debido al excesivo desarrollo del estrato arbustivo y herbáceo anual se generan grandes acumulaciones de combustible forestal que podrían generar un alto riesgo de incendio y afección a toda el bosque de ribera, parque fluvial limítrofe, instalaciones del zoo municipal y viviendas o propiedades cercanas.
Hay que tener en cuenta que también existe gran acumulación de madera muerta en pie y en el suelo derivada de pequeños conatos de incendio provocados en años anteriores».
Es decir, se trata de retirar los árboles caídos y de evitar nuevas acumulaciones masivas de pelusas, que ya han propiciado fuegos en otras ocasiones, sólo atajados sin daños materiales o para las personas gracias a la actuación de los bomberos.
Al tratarse de un tramo urbano, la Confederación Hidrográfica del Tajo (CHT) no se reserva la competencia exclusiva, sino que permite que sea el municipio el que intervenga y asuma el gasto.
Sí que ha sido necesaria la preceptiva autorización de la CHT, concedida para la retirada de árboles muertos; retirada de especies consideradas invasoras –Ailanthus altissima (árbol del cielo o falso zumaque), Robinia pseudoacacia (falsa acacia) y la Cortaderia sp, bonita de ver por sus plumones, pero peligrosa por los antes comentado– más podas, desbroces de vegetación herbácea o arbustiva y retirada de restos vegetales acumulados y de los más que abundantes residuos sólidos urbanos.
La crecida del Henares por los desembalses de Alcorlo y Beleña han puesto de nuevo sobre la mesa la urgencia de una limpieza profunda y mantenida del río a su paso por Guadalajara.