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5 abril 2025
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EDITORIAL / Contra la bazofia

Nos lo tenemos que hacer mirar, nosotros, los periodistas, los que aún puedan quedar en las cada vez más magras redacciones y crean que para este oficio todavía hay salvación.

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La muerte de Javier Marigil este jueves en la central nuclear de Trillo, donde trabajaba, ha conmovido hasta los tuétanos a todos los que le conocieron.

La noticia, que publicó LA CRÓNICA ya entrada la noche después de ser verificada hasta por ocho fuentes distintas y aportando todos los datos constatados posibles, terminó horas más tarde siendo replicada por los medios nacionales desde alguna nota de agencia. Y siendo utilizada como auténtica basura por algún engendro digital que intenta hacerse pasar como medio de Guadalajara… o de cualquier otra provincia que convenga.

El periodismo no puede ser esa mezcla de heces, ni las sobras que quedan cuando manoseas la realidad ni los desechos de la comida regurgitada por otros. Lo que se hace pasar por periodismo, cuando no lo es, resulta una «cosa soez, sucia y despreciable». No lo decimos nosotros sino la RAE para, con ese fundamento, poder calificarlo de bazofia.

Nos lo tenemos que hacer mirar, nosotros, los periodistas, los que aún puedan quedar en las cada vez más magras redacciones y crean que para este oficio todavía hay salvación.

Hubo estúpidos que creyeron posible, e incluso sano para una sociedad democrática, alentar lo que hace muchos años se llamó periodismo ciudadano. Basta ver en qué se han convertido las redes sociales para constatar por donde han ido los tiros, las insidias, la propaganda y el sindiós generalizado, con o sin anonimato.

A ver quién se extraña de que el mismísimo Trump haya creado su propia red social para propagar su verdad, tan poco truth como el nombre que le ha dado a la cosa. Cuajo no le falta, eso sí que es verdad.

Mientras, lo más tangible, lo más intensamente cierto, es que Javier Marigil se ha ido entre el estupor y el cariño de los muchos que le conocieron.

Eso no lo mancha ni lo quita la bazofia esparcida por los fabricantes de fabulaciones. Esos que se ganan el clic y la miseria vendiendo burras falsas.

Y al paso que va esa burra, al periodismo le dejarán morir sin enterrarlo ni llorarlo. Más que nada, por inútil.

Así será si de verdad, en verdad, verdaderamente, no recuperamos la pasión por la verdad… eso tan inaprensible que fue la esencia de todo esto.

Ojalá que no perdamos ese penúltimo tren, porque nos inundaría la bazofia, alcanzándonos a todos.

Y a usted, como lector, también le toca la responsabilidad de saber elegir de quien fiarse.

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