Emiliano García-Page lleva toda una vida en la política y unos cuantos años a la contra de los suyos propios por un quítame allá un Pedro Sánchez, que es mucho quitar. No hace falta que expliquemos al lector los detalles de ese nulo entendimiento marcado por tanta divergencia: mientras el uno y el otro sigan, será carne de titular y de prime time.
Para contar el espectáculo de este patio de Monipodio que es España se daría mejor maña Cervantes, que escribió aquella historia de pícaros que tan bien nos refleja. A los demás nos queda la opción de intentar alguna pincelada que no emborrone todavía más lo que vemos y, sobre todo, lo que padecemos.
Por ejemplo, dejando nota de que el presidente de Castilla-La Mancha ha planteado en voz alta que el PSOE y PP deberían intentar un gran Pacto de Estado sobre el futuro de las centrales nucleares en España. O sea, aplicar el sentido común y la responsabilidad a un asunto de trascendencia nacional. Lo ha dicho en Mérida y delante de la presidenta extremeña.
No le harán caso, obviamente.
En eso de clamar por acuerdos transversales y no ser escuchado está adquiriendo el toledano una experiencia con la que muchos otros ya habrían desistido. A ver si el auténtico hecho diferencial en nuestro país no es el catalán o el vasco sino el de predicar en el desierto monclovita o genovés y no caer en el desaliento.
Se diría que poner de acuerdo al PSOE y al PP es «Misión imposible» incluso para Putin, como estamos cerca de comprobar. Y quizá por eso se entiende mejor que el outsider Page aún aspire a renovar en 2027 el derecho de uso de su despacho de Fuensalida a pesar de lo objetivamente complicado de mantener una mayoría que en 2023 estuvo a punto de no alcanzar, cuando 800 votos en Ciudad Real decidieron que siguiera gobernando.
Este mismo lunes, cuando García-Page sueña imposibles energéticos y nucleares, «El Mundo» ha dado el desayuno a tirios y troyanos con una nueva encuesta de Sigma Dos, vaticinadora de unas futuras elecciones generales.
Para lo que hoy nos ocupa, que es Castilla-La Mancha, se da la asombrosa noticia de que le conceden la victoria al PP en los mismos términos y con los mismos escaños (10) de los anterior comicios nacionales, escoltado por Vox y sus 3 diputados frente a los 8 que obtendría el PSOE. Lo mismito, exactamente lo mismito que dieron las urnas en la región el 23J, cuando Sánchez perdió tan feliz ante Feijóo que el gallego aún no se ha recuperado del mal trago.
Andan los alquimistas del análisis político en lo de siempre, que es convertir el plomo en oro, imposible salto molecular, como si al final los electores no nos contentáramos con aferrarnos a lo posible con nuestro voto. Nada más. Nada menos. Cuánto ha llovido desde que en España se votaba con ilusión y no sólo para atenuar daños y evitar, sobre todo, la victoria del rival.
¿Repetirá García-Page la misma pirueta en 2027 que las urnas le permitieron en 2023? Nadie lo sabe. Y el que asegure lo contrario, miente. Lo único que cabe es seguirle la pista a los indicios.
Cuando José Luis Escudero cayó por penúltima vez en acto de servicio hubo quien encuadró el cese como el primer acto de una renovación profunda del Ejecutivo regional y de la Junta en su conjunto para encarar ya del tirón los próximos comicios. No hubo tal, aunque no cabe descartarlo.
La «Misión Imposible» de España es que los dos grandes partidos dejen a un lado sus miserias y nos faciliten algo más la vida a quienes les pagamos. Para Page, hoy y los próximos dos años, la «Misión ¿imposible?» es repetir lo que ya parecía improbable la última vez. Ganó por los pelos y, muy probablemente, por ser distinto. Hace falta saber si los que le votaron le seguirán creyendo.
A este lado de la M-30 unos afilan los cuchillos. Otros están buscando árnica. Nosotros nos conformamos con las palomitas que acompañan a cualquier película de acción. Se la iremos contando; sin spoilers, que desconocemos. Pero será un espectáculo, no cabe dudarlo.
De la otra película, la de la contumacia en el enfrentamiento partidista, puro duelo a garrotazos al estilo de Goya, mejor nos lo evitamos y se lo evitamos.
Ojalá un día llegue en el que dos tercios del electorado no sufran, como hoy ocurre, lo votado.