En esta vida traidora todos estamos más cerca de los demás de lo que nos puede parecer. Incluso los más escépticos terminan por admitir que el amigo de tu amigo de tu amigo de tu amigo de tu amigo de tu amigo es muy probable que sea tu amigo, aunque se llame Georges y viva en una casa muy grande y muy blanca en Washington. Pequeño que es el mundo. Por eso, a ver quién es tan cándido de sorprenderse al ver que podemos relacionar en apenas unas líneas a José María Aznar, a la ministra francesa de Justicia, al Ayuntamiento de Guadalajara y a la propia capital alcarreña en sus Ferias. Globalizados que somos y que estamos.
Si hay que sorprenderse de algo es de que la mejor manera de pasar a la posteridad como un remedo de Don Juan sea nacer en Madrid, recriarse en Valladolid, ser bajito y con bastante mal genio, lucir un bigote que no puede considerarse tal y haber hecho méritos (incluso mucho antes de ser un cincuentón con aires de bon vivant) para ganarse la enemistad de al menos la mitad de sus compatriotas. Esos son los argumentos que más universalmente se le reconocen a José María Aznar, empeñado últimamente en desmentir un bulo tanto o más improbable que falso propalado por una web marroquí de nula fiabilidad, incapaces de aportar más argumentos que una fuente informativa misteriosa.
Además, de haber sido cierto lo de su romance embarazoso con Rachida Dati no habríamos conocido por la Alcarria de la existencia de Henry Proglio, otro que es cincuentón pero por poco, ya que frisa los 60. El tal señor es, además del probable padre de la criatura que aguarda la enigmática Rachida, presidente de Veolia. ¿Que no sabe qué es eso y qué relación guarda con Guadalajara? Se lo explicamos.
Veolia es una gran multinacional francesa, una de las más importantes del mundo mundial en la gestión del agua. O sea, un peazo de empresa que, suponemos que no por casualidad, es una de las que han apoquinado una cierta cantidad de dinero para el mayor lustre de las ya iniciadas Ferias y Fiestas de Guadalajara.
¿Qué se le ha perdido a Proglio por la meseta castellana? Más bien habría que preguntarse qué es lo que anda buscando su empresa, al igual que ya hacen Aqualia o Facsa, empeñadas en hacer donaciones preventivas al Ayuntamiento de Guadalajara, como gestos de buena voluntad. Obviamente, tales acciones no son nada ilegal, ya que también colaboran por el mismo concepto con sus euros incluso los que como Mémora esperan enterrarnos algún día todavía lejano. Como para alegrarnos las fiestas. Ni siquiera bordean ningún código por ser Aqualia, Facsa o Veolia algunas de las firmas que están aguardando para hincarle el diente a la distribución de agua en Guadalajara, una vez que Antonio Román y los suyos saquen el concurso para privatizar el servicio.
Así las cosas, ya ven qué facil nos resulta relacionarnos a los pobrecitos alcarreños en un pispás con la oligarquía gala, con la ministra más snob de Sarkozy e incluso con un ex-presidente del Gobierno que nunca ha expresado especiales simpatías hacia los guadalajareños y hacia casi nadie. Todos ellos no sabrán nada de Guadalajara y sus Ferias. Nosotros, sí.
Las Ferias que el amigo de la que no es amiga de nuestro ex-presidente ayuda a pagar con su generosidad están empezando sin que a buena parte de la población se nos quite el miedo del cuerpo. La puñetera pasarela, el complicado nuevo Ferial y la inevitable predisposición que muchos tenemos a prepararnos para lo peor por si las moscas no nos van a dejar en paz hasta que suene la traca del fin de fiesta.
Quiera la suerte y el sentido común que no pase nada. O que lo que pase sea sólo alegría y diversión. Al menos, los barrenderos barrerán. Algo es algo. A ver si se llevan también los malos augurios.